Tan intenso fue aquel momento en el que supe que mi corazón era tuyo que aún me quedan ráfagas que me lastiman el alma, me hace pensar si es igual a como sienten aquellas personas que pierden los latidos y le dan shocks eléctricos para reanimarlo.
No me siento triste, la nostalgia es una amiga sonriente que llevo de la mano, mis temores son mi escudo y mi torpeza mis zapatos, mi traje una sonrisa y mi corazón un disparate.
Te abrí la puerta cuando irrumpiste en mi rutina diaria de lavar la loza, sentí tu carcajada mientras sentaba un plato a secar. Nunca pensé que serían esas cositas las que me acosarían para siempre.
Pero no estoy triste, así se vive para siempre, viendo a los pajaritos volar.
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