Bendito grito sordo que lleva treinta y un años conmigo, agua densa, arena movediza desértica con su viento seco y caluroso, pasos pesados tan cual si llevará al mundo en los talones, avances inmóviles como aquellas pinturas de aquel artista que en su lecho de muerte queda plasmado en ellas y recobra vida, colgádos en una cueva pintoresca sin salida, imaginaria, inexistente, aunque haya estado ahí toda mi vida.
Atrapada en telarañas de ilusiones, irrompibles como voces sordas que gritan fuerte, vibran y timbran indescifrables, con una incógnita con una sola pista con la palabra, "YO".
Fastidio irremediable de no saber más de lo que puedo y no querer poder mas de lo que sé, querer palparlo todo sin alcanzarlo, luego me susurra que ya lo sé.
Buscando en un mapa roto que dice "Adentro"; Sin atajos, sin caminos, en medio de una selva de árboles y bestias que yo misma dibujé.
Vivo en la sala de espejos de un circo, la distorsión es mas fuerte cada vez, aun no sé si es un vicio, pero lo fumo está noche otra vez...
